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“El filósofo de la historia busca en el pasado las respuestas al presente” PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 21 de Octubre de 2015 18:07

*Afirma Manuel Cruz, doctor en Filosofìa, profesor de la Universidad de Barcelona, quien desarrolla una estadía académica en la UV.

Un nutrido programa de actividades está desarrollando en la Universidad de Valparaíso el profesor Manuel Cruz, doctor en Filosofía, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Este miércoles dicta una conferencia en el Museo de la Memoria, en Santiago, titulada “El eterno retorno (remasterizado)”; mañana jueves en la Facultad de Humanidades UV dará la conferencia “La política que viene (¿o ya llegó?)”, y el viernes estará en la mesa de trabajo “La producción de subjetividad en el mundo contemporáneo”, en la sala Musicámara del Centro de Extensión UV.

Cruz es Premio Anagrama de Ensayo 2005, Premio Espasa de Ensayo 2010 y Premio Jovellanos 2012. Es autor de los libros “Las malas pasadas del pasado” y “Adiós, historia, adiós”, entre otros. Actualmente, es responsable de la colección “Pensamiento Herder”, de Editorial Herder. Su presencia en la UV fue gestionada por el profesor Pablo Aravena, a través del cuarto concurso Visitas de Académicos a la Universidad de Valparaíso, convocado por el Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, UVA0901.

El papel del filósofo de la historia

Siendo uno de sus campos de trabajo la filosofía de la historia, el doctor Manuel Cruz se refiere al papel del filósofo de la historia en la sociedad. Para responder a esa interrogante, indica, hay que analizar dos cosas: “El papel del filósofo en general en la sociedad actual, y el papel del filósofo de la historia en la sociedad actual. El papel del filósofo en general: el filósofo es alguien que trabaja con las ideas. Luego puede, como decía Marx, no interpretar la realidad, sino transformarla, que eso está muy bien, pero si el filósofo en lugar de interpretar se dedica a transformar, en ese momento actúa como ciudadano. Es elogiable, pero eso no lo define como filósofo”.

Entonces, añade, “trabaja con las ideas en qué sentido: fundamentalmente, en un sentido crítico, en un sentido de intentar sacar a la luz ese tipo de ideas o nociones, que han sido aceptadas, asimiladas por todo el mundo y que no son visibles. Ortega utilizó una distinción, que me parece que es muy útil, entre ideas y creencias. Decía: ‘las ideas se tienen, en las creencias se está’. Las creencias son ese tipo de cosas que en su momento eran ideas, y que las hemos interiorizado tanto que ni nos damos cuenta que las manejamos. Creencias son ese tipo de cosas que cuando alguien las pone en cuestión, nuestro interlocutor dice ‘hombre, es que si no me aceptas esto, apaga y vámonos’. Son cosas que todo el mundo da por descontado”.

Esas cosas que todo el mundo da por descontado, explica el doctor Cruz, “también deben ser cuestionadas, porque son ideas, porque hay debajo unas ideas, aunque no lo parezca. Un ejemplo: históricamente, la idea de Dios, durante siglos, fue una creencia: todo el mundo daba por descontado la existencia de Dios. Se discutía si Dios era uno y trino, se discutían muchas cosas. Había herejes en el pasado, en la Edad Media había herejes, pero no había ateos. Todo el mundo daba por descontado la existencia de Dios. Eso es una creencia. El filósofo lo que tiene que hacer es sacar a la superficie de las ideas esas creencias. Mostrar lo que tienen de ideas para poder criticarlas”.

Lo anterior es lo que hace en general el filósofo, “y en esta época, creo que es particularmente necesario, porque vivimos en una época… Y otra vez Ortega, que decía, hace ya un siglo, otra cosa que no ha hecho más que acentuarse. Ortega decía: ‘no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa’. Es decir, Ortega ya vio hace un siglo que se estaba abriendo paso lo que podríamos llamar la incertidumbre. O dicho con otras palabras: que el entramado de antiguas certezas con las que el hombre moderno había venido funcionando, se estaba viniendo abajo. En ese contexto —porque nuestra época es particularmente inestable, confusa, caótica—, la función del filósofo es más necesaria. Por eso se nos reclama en tantos foros”.

Entra entonces, señala el académico, la segunda parte: el filósofo de la historia. “Porque reflexionar sobre la historia es una manera de reflexionar sobre el presente. Los historiadores o los filósofos de la historia, hacen un viaje, viajan al pasado, pero con billete de regreso al presente. El historiador o el filósofo de la historia no es un arqueólogo que se quiera quedar a vivir en el pasado, sino que intenta ver si en el pasado puede encontrar las respuestas que él trae de su presente. Intenta aprender el pasado. Y en ese sentido, es particularmente importante en este momento intentar reflexionar sobre si alguna de las cosas ocurridas en el pasado hoy nos pueden servir para iluminar nuestro presente”.

¿Presente oscuro?

Consultado sobre si esa necesidad de iluminación es particularmente importante, en momentos en que el presente puede parecer oscuro, señala: “Creo que de lo que se trata es ver si a todo eso que está ocurriendo, que podemos leerlo en una clave de pura efervescencia, podemos atribuirle un sentido. Creo que la lógica con la que intentamos pensar lo que ocurre no es la lógica —con todo respeto— de los medios de comunicación. Los medios de comunicación, para entendernos, son pura efervescencia: uno va leyendo noticias que no tienen nada que ver la una con la otra. Las portadas de los periódicos, normalmente, un día y otro no tienen nada que ver. Es más, si un mismo periódico trajera el mismo asunto en portada durante más de tres días, sus lectores no lo aceptarían: sus lectores quieren que haya otra noticia diferente”.

Profundizando, Manuel Cruz agrega: “Esa es una lógica, totalmente legítima, de los medios de comunicación, pero no es la lógica del que pretende entender lo que pasa. El que intenta entender lo que pasa se esfuerza por ver si hay o no hay algo así como líneas de sentido subyacentes, que permitan explicar un poco el sino que siguen los acontecimientos. En el mundo, en lo que pasa, no todo es pura continuidad ni todo es absolutamente nuevo. Si dijéramos que todo es continuidad, pues diríamos como los antiguos romanos, ‘no hay nada nuevo bajo el sol’, lo cual es completamente ridículo; es decir, el mundo no tiene nada que ver con lo que era hace dos mil años. Pero tampoco es verdad que todo sea absolutamente nuevo, porque si algo fuera absolutamente nuevo, no lo entenderíamos en absoluto. Entendemos lo que va pasando porque de alguna forma se parece a lo que ya había antes. La reflexión siempre intenta esto, sobre todo la reflexión del filósofo de la historia: ir separando los elementos de continuidad y de discontinuidad, intentando ver si ese cambiante equilibrio de lo continuo y discontinuo apunta hacia algún lugar o no”.

El futuro de la memoria

Respecto de cuál sería el futuro de la memoria a partir de los medios de comunicación, el doctor Manuel Cruz señala: “Sinceramente, yo no me atrevo a hacer una predicción, y menos un poco clara, del futuro de la memoria. Hay una cosa que sí se puede hacer, y es que buena parte de las categorías a las que pensábamos la memoria hasta ahora, tienen que ver con un escenario en el que la posibilidad de recordar era más complicada que ahora”.

Agrega: “Ya Benjamin planteó una reflexión muy interesante, hace décadas, sobre la cuestión de cómo cambiaba la obra de arte en el momento en que era posible la reproductibilidad técnica. Lo que Benjamin decía sobre la obra de arte lo podemos decir ya sobre todo, sobre todo. Entonces, si la reproductibilidad técnica cambia la percepción de la obra de arte, cambia la percepción del espectador, hace que el aura de la obra de arte se desvanezca, etcétera, ¿cómo no va a cambiar la memoria en un momento en que ya todo está permanentemente a nuestra disposición? ¿Cómo no va a cambiar?”.

Y respecto del acceso a gran cantidad de dispositivos que permiten fotografiar o grabar, señala: “La verdad es que en muchas ocasiones, parece como que estuviéramos más pendientes de poder producir el objeto de recuerdo, en la foto, que de tener una experiencia que recordar. Cuando estamos delante —por simplificar— de la obra de arte, en vez de quedarnos mirando la obra de arte le hacemos una foto, y no miramos la obra de arte. Entonces, lo que hacemos es luego ver esa foto y hacer como si recordáramos un recuerdo, que es mentira, porque el recuerdo originario no lo hemos tenido, porque en ese momento estábamos ocupados haciendo una foto”.

Quienes deseen asistir a las actividades del doctor Manuel Cruz, pueden hacerlo sin necesidad de inscripción  previa, salvo que requieran certificación. En ese caso, deben contactar al coordinador de la estadía académica, profesor Pablo Aravena, al correo electrónico Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla . El auditorio de la Facultad de Humanidades, donde tendrá lugar la conferencia del jueves, se ubica en Serrano 546, y el Centro de Extensión, donde se desarrollará la mesa de trabajo del viernes, está en Errázuriz 1108.

 

 
 

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